El Muelle de los Sueños
He aguardado tantos amaneceres en el viejo muelle, con el corazón anclado a la línea del horizonte, esperando que el barco de los sueños surcara por fin las aguas del tiempo. Ese navío, cargado de promesas y regalos invisibles, se demoraba entre tormentas y mareas caprichosas. El viento le hablaba en lenguas antiguas, y las olas lo mecían como si quisieran retenerlo un poco más en su danza. Cada día, como un ritual sagrado, mis pasos me llevaban al borde del mundo. Mis ojos, cansados de tanto buscar, se confundían con la bruma, y la esperanza se volvía un faro tenue, pero persistente. Y entonces, una mañana sin aviso, el horizonte se abrió como un cofre encantado. Allí estaba: el barco. Majestuoso, con el salitre pegado a sus maderas como una piel de plata , herido por el viaje pero intacto en su promesa. Ahora mis manos tiemblan ante el baúl que descansa en su cubierta. Lo abriré con el fervor de quien ha amado en la distancia, con...